Hace apenas cuatro años empezó a hablarse seriamente del emprendimiento social dentro de la economía. Hoy es ya un actor indiscutible. Pero su forma ha ido definiéndose con el tiempo y el emprendimiento social ya forma parte no sólo de la economía sino de muchos otros ámbitos, lo cual lo hace más heterogéneo, extenso e imprevisible. ¿Cómo será emprender socialmente en el 2020?

El British Council, que lleva a cabo un relevante programa para el fomento del emprendimiento  social en la educación, ha presentado un informe producido por expertos externos con el objetivo de provocar e influir en la Comisión Europea para que asigne fondos existentes (y añada nuevos) al programa Horizonte 2020, y que por lo tanto aumenten las inversiones específicas en cooperativas, empresas sociales, educación superior, emprendimiento inmigrantes etc.

El informe explora si el emprendimiento social debería incorporarse a los sistemas educativos europeos (y cómo), motivando a los estudiantes y canalizando las ideas y voces de los que presentan mayores cualidades hacia el emprendimiento social, como ya hace la Social Enterprise Academy en Escocia. Aquí van algunas de las conclusiones de este estudio predictivo:

 

1-       El emprendimiento social será… todo. En 2020, ya no habrá solamente UN ámbito para el emprendimiento social: para entonces, ONG y entidades sociales generarán ingresos a través de proyectos empresariales como alternativa o complemento a la recaudación de fondos. Al mismo tiempo, el sector privado y especialmente las PYMES se pondrán las pilas para demostrar su compromiso social y generar sentimiento de pertinencia y fidelidad entre sus clientes, cosa que le llevará a apostar por proyectos y empresas sociales aportando más valor social y reinvirtiendo sus beneficios en causas sociales.Cuando otros actores asuman el emprendimiento social, ¿qué papel jugarán los emprendedores sociales tradicionales?

2-       Lo que importa es el impacto social. Aunque la definición de empresa social siempre ha sido discutida, básicamente se resume en que sus ingresos son reinvertidos en esa u otras causas sociales. Pero a medida que se difuminan los sectores y actores del emprendimiento social, el debate no estará en su definición sino en cómo se mide el impacto social que generan, que justifica su actividad económica. En tres años, las empresas presentarán informes de su impacto económico, medioambiental y social. Eso permitirá que no sirva el simple marketing de las acciones de comunicación corporativa; lejos de eso, las empresas deberán demostrar que lo que están haciendo sirve para algo en términos sociales y probablemente se establezca un ‘medidor’ o baremo para hacerlo. Esta evaluación del impacto social requerirá considerables inversiones y, especialmente las pequeñas empresas sociales, sufrirán para destinar recursos a demostrar su valor y rendimiento social.También la administración pública externalizará muchos de sus servicios (salud, educación, ocio, atención social etc.) hasta ahora aportados por el gobierno. Sus subcontratados serán -con probabilidad- empresas y proyectos sociales. Frente a esto, muchas empresas sociales tendrán el desafío de mantener su innovación, independencia y cercanía con los beneficiarios/consumidores.

3-       La inversión social será mainstream. Al haber mejorado la forma en que se mide el impacto social, más inversores invertirán en proyectos sociales: con más dinero, por más tiempo, con más recorrido… cosa que beneficiará el impacto social a largo plazo (y no sólo el del corto plazo). Las relaciones entre inversores, ONG y entidades, administraciones públicas… serán mucho más estrechas. Estos modelos híbridos ayudarán a monetizar los resultados que los proyectos sociales consiguen y a valorar el retorno social (y no sólo financiero) de la inversión.

4-       Menos innovar y más escalar. Aquellos proyectos que demuestren su alto impacto social, se verán obligados a hacer escalar su modelo rápidamente para expandir y replicar su impacto tanto a nivel nacional como internacional. En 2020 habrá proyectos sociales que hayan aumentado su tamaño de forma considerable y se hayan transformado en grandes empresas. Se definirán por su impacto, cultura, éxitos… pero su reto será conservar el ADN que las vio nacer. Este crecimiento e internacionalización de proyectos sociales amenazará a las entidades locales que trabajen en una sola comunidad y pondrán en riesgo su valor más preciado: la cercanía. Será común ver cómo un proyecto social se internacionaliza a través de franquicias locales.

5-       Redes complejas de transformación. Debido a que el impacto social marcará los ritmos (y no -por ejemplo- la duración de los proyectos), se requerirán muchos cambios, ajustes y adaptaciones constantes. La interconectividad y el networking serán básicas para los emprendedores sociales, que tenderán a tejer una red de microempresas y profesionales colaboradores que trabajarán de manera colaborativa.

6-       Seguir rompiendo moldes. El emprendimiento social nunca ha sido un sector como tal, siempre ha tratado de ir por los márgenes y salirse de lo común. En 2020, los emprendedores sociales tendrán que seguir rompiendo moldes y aportando soluciones creativas e innovadoras. Las que lo hagan con éxito, crecerán. Las demás, no. Tan simple como eso. Sin embargo, el ‘fracaso’ no estará tan mal visto como en la actualidad y los emprendedores sociales se avergonzarán de ello.

7-       Más formación y estructura. El emprendimiento social se incluirá en los programas de estudios de universidades e incluso de escuelas. La estructura del emprendimiento social se verá reforzada con novedades en los marcos legales, instrumentos financieros… los cuales no se sabe si beneficiarán o no a los emprendedores sociales, pero desde luego seguirán actuando con inconformismo y tratando de revolucionar la manera en que se abordan los problemas sociales.

8-       Creadores de empleo. El desempleo juvenil seguirá siendo una lacra en Europa en 2020. Pero los grandes éxitos en este contexto vendrán de proyectos sociales que trabajen con aquellos que más lo necesitan, entre ellos los excluidos del mercado laboral. Los emprendedores sociales serán un ejemplo por contratar a los que más lo necesitan y serán un ejemplo en igualdad de género laboral. Su liderazgo hará que sus buenas prácticas se extiendan.